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- ¡Narcisos!
- Son tus flores favoritas.
- ¿Cómo has podido encontrar tantas?
- He llamado a todas las floristerías de cinco estados, les dije que era la única manera de que mi esposa se casara conmigo.
- ¡Ni siquiera me conoces!
- Tengo el resto de mi vida para conocerte.”

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Al igual que en verano no todos los días son soleados (véase hoy, o ayer, etc.), aquí también cambiamos con el tópico de películas y me propongo a incluir una que me ha encantado, por la fantasía en la que me ha envuelto, y el significado que obtiene cada uno de ella.

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Sin duda alguna, Tim Burton siempre ha sido un freak. Todos recordaremos a criaturas como Eduardo manostijeras o Bitelchus (quien no las recuerde… dios les pille confesados!). Con Big Fish, Burton nos sirve en bandeja (de plata) una de esas fábulas que le caracterizan.

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La historia de “el gran pez” es una de tantas anécdotas que Ed Bloom le ha contado a su hijo Will a lo largo de su vida. (como aquellas que nos contaban de pequeños nuestros padres, yendo más allá de ese animal que nos dejaba un regalo cuando se nos caía un diente). Hill le guarda cierto rencor a su padre, por haber ensombrecido su vida con ese tipo de historias tan poco creíbles, y cuando Ed, ya anciano, enferma, es su hijo quien se decide a averiguar cuál ha sido de verdad la vida de su padre.

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¿Cuánto hay de verdad en sus historias de la guerra, de su trabajo en el circo, o de cómo conquistó a su esposa?

Sin duda alguna, antes de que te des cuenta estarás hundido en el sofá, secándote alguna lágrima agridulce que se te haya podido escapar.

Pues ya saben cocteleros! Les invito a escapar durante hora y media del mundo real, a descubrir las metáforas que se esconden detrás de “Big Fish” y a alegraros la vista con una infinidad de imágenes que muchos desearían tener de fondo de escritorio o en la pared del salón.

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Sigan disfrutando del veranito… y SONRÍAN :)